Capitulo 9
9.
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¿Dalia? - contestó el teléfono la profesora Hortensia. Habían pasado dos años desde la última vez
que tuvieron comunicación. Desde la vez que la Escuela Periférica de Derecho
les había rendido ambas un ferviente homenaje.
Qué lejos
estaban esos días cuando el director de la Escuela Fausto Toledo les rendía
pleitesía, entre tantos elogios. Ambas
eran heroínas, era el orgullo de la Escuela Periférica de Derecho. Ahora, solo
apestaban; la dirección de la Escuela había borrado sus nombres de todas sus redes sociales, las desconocía a
las dos de forma tan cruda sin hacer alusión a la ceremonia que las había
ungido como mujeres ejemplares de la vida académica. Ahora nadie las conocía, cómo si nunca
hubieran existido.
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¡Si maestra, soy yo! ¡Supongo que sabe el motivo de mi
llamada! - dijo Dalia.
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¡Si, lo sé! No han dejado de hablar sobre el tema. Me acusan
de haberte “vendido” una tesis profesional y a ti, no te bajan de copiona, de
"Ministra Pirata" y tramposa; te insultan y se ríen de ti. Es una situación difícil.
¿Qué hacer
entonces? La prensa, los medios de
comunicación no dejaban de hablar sobre el tema. La cantidad de memes y
caricaturas que se difundían en las redes sociales eran virales. Nadie hablaba
ya de la Reforma Electoral aprobada por la Asamblea Nacional, mucho menos de
las manifestaciones multitudinarias que semanas antes se habían desarrollado
para apoyar o criticar el régimen político de la "4R":
"Renovación Moral".
El Presidente
Arnolfo Pérez Labhrador en su conferencia nocturna salió a defenderla, dijo que
su Ministra, solo había cometido "un error de juventud", peores cosas
hicieron los que gobernaron antes este país, "los ultraliberales,
conservadores, reaccionarios"; "aquellos que vendieron y saquearon el
país", en aquel lapso de la historia que el Presidente metafóricamente
llamaba "... la noche oscura del
ultraliberalismo".
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Maestra - dijo Dalia - ya me contactó personalmente el
Presidente de la República y también la Fiscal General de Justicia, me dijeron
que no me preocupara. También me
llamaron de Comunicación Social para hacerse cargo de la crisis. Me dijeron que
se trataba de un golpeteo político de la oposición, ante el inminente
nombramiento que tendría como Presidenta Ministra de la Corté Constitucional.
Me dijeron que saliera simplemente a negar los hechos.
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Que bueno que me dices, me han estado insistiendo de varias
radiodifusoras y de un "influencers" de las redes sociales, que no
hace otra cosa que criticar al gobierno.
Dalia y
Hortensia se quedaron mudas en el teléfono. Tenían ambas miedo de que los
servicios de Inteligencia del Ejército oyera al gobierno. Ambas habían jurado
absoluta lealtad al régimen de la “4R” y no debían decir ninguna cosa que
pusiera en riesgo al proyecto político del Presidente Pérez Labrhador. También
estaban conscientes que la propia "Oposición" podía escucharlas. El golpeteo político podía ser orquestado
inclusive desde la propia Oficina de la CIA de los Estados Unidos, quien
contaba con los propios recursos para intervenir comunicaciones privadas y
descubrir los secretos más incómodos de la clase política del país a quien
espiaban. No era una cuestión fácil, se
trataba de un complot, una conjetura que buscaba, sino derrocar al Presidente,
si al menos, hacer presión a la Corte Suprema Constitucional para cuando esta
instancia conociera de las acciones de Inconstitucionalidad que varios
legisladores la oposición promoverían en contra de la Ley Electoral. Que mejor
hacerlo que desacreditando la Corte, más aún, a la Ministra que se encaminaba a
ser la Presidente del Tribunal más importante del país.
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No hablemos más maestra, no lo hagamos por esta vía. La Fiscal me dijo que no me preocupara y que
ya tenía la ruta segura para salir de este mal momento.
Hortensia
colgó el teléfono y no hizo otra cosa más que quedarse callada. Su cara
denotaba preocupación. Ya habían pasado 45 años desde que había decidido ser
profesora de la Escuela Periférica de Derecho.
Podía tramitar su jubilación e irse dignamente a su casa a descansar o
enfrentar un proceso de rescisión de contrato; o simplemente responder al
periodista Marcos Loreto que insistentemente le pedía una entrevista.
La profesora
Hortensia tenía que tomar una decisión pronto y enfrentar su cruda realidad.
Qué lejos estaban los días cuando el Rector de la Universidad Nacional en
compañía del Vicerrector y el Claustro de Profesores de la Universidad la
habían distinguido con el Premio Hipatia al Mérito Académico.
Hoy, un año
después de haber sido galardonada, era una mujer totalmente repudiada.

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