Capitulo 19

 



19.

 

En vísperas de la elección de la Presidencia de la Corte Constitucional, el “licenciado”, Godofredo Godínez había cumplido al pie de la letra, la instrucción de su jefa la Fiscal Eufrosina Delgadillo.

 

Con ello, no solo mostraba su capacidad para resolver los problemas mediáticos de la Fiscalía, sino también, daba cuenta de su lealtad al régimen de la 4R.

 

El acta notarial dónde se asentaba la confesión de Eduardo Barrientos, el autor de la primera tesis; más aparte dos dictámenes, uno en materia de documentoscopía, otro de informática; fueron elementos suficientes para que la Fiscalía General de la Nación resolviera no ejercitar acción penal por delitos de propiedad intelectual. A su vez, la resolución de la Fiscal, constituía una especie de sentencia que excluía de toda responsabilidad, a la Ministra: No hay plagio! Así de fácil.

 

Aunado a lo anterior, se habló con el Juez Carlos Limón, la posibilidad de resolver un futuro juicio por daño moral, promovido por la ministra Dalia Espinoza en contra de Eduardo Barrientos.El fallo judicial sería prioritario entre un centenar de asuntos radicados en el juzgado, con el ánimo de absolver y quitar toda duda de plagio a la ministra.

 

Lo único pendiente que quedaba, sería el proceso de selección interna para escoger a quien sería el Ministro Presidente o Presidenta de la Corte Constitucional.

 

Para ello el Salón de Plenos de la Corte Constitucional estaba repleto de periodistas quienes a través de sus teléfonos celulares y demás cámaras de televisión, transmitirían en vivo el proceso de designación.

 

Cada Ministro - vestido con su respectiva toga - fue llegando al Salón.  El bullicio entre periodistas aumentó el cuchicheo de voces, cuando se presentó la Ministra Delia Espinosa Morca. Su cara mostraba el rostro que intentaba simular, el momento tenso e incómodo en que vivía.

 

Ahí frente a frente, en esa mesa en forma de “U”, fueron tomando asiento cada Ministro de la Corte.  Todos y cada uno de ellos, elegirían a su próxima presidenta.  ¿Quién sería? La ilustre Ministra Nadia Lucero Naranjo Pérez de una reputación intachable o la "Ministra Pirata”, como ya la apodaban: Delia Espinosa Morca.

 

Previo a iniciar el proceso de selección. La Ministra Dalia Espinoza, solicitó al todavía Presidente de la Corte, Antonio Zaavedra de Darrea, el uso de la palabra. Debía de defenderse. Su declaración sería importante, porque era la primera vez que hablaba en público, luego del escándalo suscitado en su contra.

 

Fue así que la Ministra, frente a los medios de comunicación,  aprovechó el momento para “romper el silencio” y denunciar frente a la opinión pública, la existencia de una campaña mediática en su contra, que tomaba fuerza de violencia política en razón de género.

 

No es cierto que haya plagiado la tesis profesional con la que obtuve el grado de Licenciado en Derecho. Mi actuar en la abogacía, como en el servicio público, siempre ha sido honesto y correcto, conforme a todas las pautas morales, éticas y legales. Pero sobre todo, frente a mi conciencia.

 

Respondo ante la sociedad, pero también ante este H. Tribunal, con la cara en alto, sin nada de que tenga de qué avergonzarme o esconderme, más con la valentía y la dignidad de una mujer que sigue fuerte, ante la vulgar conspiración de la que fue objeto y que intentó aplastarle su fama e intachable carrera judicial.

 

Decir la verdad, no solamente es mi deber, sino también mi derecho.  Vengo a decirles que he sido víctima de la difamación, de la calumnia, la burla y el escarnio público. Fue mi tesis, la que termine con dos años de anticipación, cuando aún era estudiante de la licenciatura, la que fue plagiada soy yo y nada más yo, la persona ofendida del plagio. Así lo demuestra la declaración bajo protesta de decir verdad, dada por el supuesto autor de la tesis ante la fe del notario público, así como también, por la Resolución dictada por la Fiscalía General de Justicia.

 

Ambos documentos me absuelven de toda culpabilidad y sospecha engendrada en mi contra.

 

Con esa dignidad y orgullo de representar a las mujeres, es por eso, que vengo a solicitar el voto de mis compañeros y compañeras ministras, a solicitar su confianza y por ende, su voto, para ser no solamente la Presidenta de la Corte Constitucional, sino también la primera mujer en la historia de mi país, en presidir el más alto tribunal de la República.

 

No dejemos pues que el odio, la calumnia, el encono de tan solo unos cuantos, nuble la razón y la capacidad de este órgano colegiado, para llevar a cabo sin prejuicios ni animadversiones, este proceso de designación de Presidenta de la Corte Constitucional.

 

Confío en su atinada selección. En la confianza de cada uno de Ustedes para llevar a cabo la renovación del Poder Judicial, a fin de que la Justicia deje de ser el privilegio de unos cuantos y pueda convertirse, en el sueño realizable de toda persona que así clame.

 

¡Así será!  ¡En la República confiamos! 

 

Un profundo silencio siguió una vez concluido el discurso de la Ministra. Nadie de los presentes en el Salón de Plenos dijo nada. No sabían si aplaudir o simplemente gritar desde lo más profundo: ¡Cínica!

 

Acto seguido, los comunicadores de las radiodifusoras, las televisoras, las redes sociales, empezaron a verter sus respectivos comentarios. La mayoría de ellos de reprobación, por la autoexculpación que la ministra se había dado así mismo, de no haber plagiado su tesis.

 

No faltaron los opinólogos quienes dijeron que la ministra se había visto cínica y hasta mentirosa, al menos eso decía el periodista Marcos Loreto de Mayens quien transmitía en vivo la ceremonia de votación; otros en cambio, sobre todo los simpatizantes del régimen de la 4R, aplaudieron su “valentía y liderazgo” de. “Dar la cara ante la infame acusación, es una prueba de su honradez”.

 

Era el momento de llevar a cabo la selección.

 

El ministro Antonio Zaavedra de Darrea interrumpió el incómodo silencio, para anunciar el modo en que se llevaría a cabo el proceso de selección, no sin antes de dar un mensaje institucional en el que aludió, sobre la fortaleza y responsabilidad constitucional del alto Tribunal.

 

Los Ministros Alcancira de los Monteros, Bravo de Terranova y sobre todo, la ministra Nadia Lucero Naranjo, la otra contendiente por la presidencia de la Corte;  guardaron silencio para escuchar el mensaje político del Presidente Ministro.

 

El proceso de selección iniciaba. El Secretario General de Estudio y Cuenta, tomó la pequeña urna para acercarse uno a uno a cada ministro, para efecto de recabar su respectivo voto.

 

Fue así que voto el ministro Alcancira de los Monteros, Bravo de Terranova, Nadia Lucero Naranjo Pérez; desde luego el todavía Presidente Ministro Antonio Zaavedra y obviamente, la ministra Dalia Espinoza Morca.

 

Un profundo silencio se vivía en el Salón de Plenos. Cada ministro guardó silencio. Era el momento de efectuar el escrutinio y cómputo de los cinco votos depositados.

 

El Secretario de Estudio y Cuentas procedió a sacar cada uno de los sufragios emitidos.

 

El primer voto fue a favor de la ministra Luz Naranjo...

 

El segundo voto, fue también a favor de la ministra Naranjo, colocándose dos arriba por encima de cualquier contendiente.

 

El tercer voto fue una sorpresa. Era para la ministra Dalia Espinoza. Quedando dos a uno a favor de la ministra Naranjo.

 

El Secretario procedió a sacar el cuarto voto. ¡Otra sorpresa! El voto era para la ministra Dalia Espinoza, con lo cual se empataba el cómputo entre la ministra Naranjo y Espinosa..

 

Solo faltaba de contar el último voto.

 

El Secretario de Estudio y Cuenta sacó de la urna el quinto y último voto. Desdobló la papeleta:

 

¡Era para Dalia Espinoza!

 

 

 

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