Capitulo 15
15.
Ser una mujer
bonita trae algunas ventajas; una de ellas es ser centro de todas las
atenciones y cortesías de la que puede uno servirse; pero también, es ser una
cosa o un simple objeto de consumo de quien desea poseer una mujer. En pocas palabras, dentro de la sociedad
machista y patriarcal, una mujer puede convertirse en Reyna y lograr someter
todos los imperios del mundo a sus pies o si se descuida, si lo hace mal, puede
llegar a convertirse en un simple trofeo de temporada. Un objeto de consumo, de
usarse y tirarse.
Dalia se
sabía bonita y para evitar convertirse en un trofeo y convertirse algún día en
una reina, debía conocer las reglas del poder y cómo acceder a ella, a través
de la técnica del coqueteo.
Coquetear
pues, fue el arma de Dalia, el valor
agregado a sus conocimientos jurídicos que realmente no eran tan profesionales
como uno podría esperar; pues Dalia de
estudiante no le interesaba conocer la teoría del hecho y acto jurídico; ni los
elementos del delito o la definición del acto administrativo; con trabajos
entendía las obligaciones, la acción pauliana, las reivindicatoria y la
oblicua; todos esos conocimientos jurídicos no le eran de su interés. Sin
embargo, era una estudiante ejemplar. Lograba obtener altas calificaciones y
eso se lo debía, al sutil coqueteo que le hacía a sus profesores, o al
compañerismo de sus pretendientes, que se dejaban copiar en los exámenes o que
de plano, le ayudaba a los mismos.
Cuántos
profesores ilusos o vencidos por la seducción de Dalia, terminaron por
calificarla con el diez perfecto.
Así pues,
Dalia supo que debía aprender a insinuarse sexual o románticamente, para llamar
la atención de una persona; mostrar a través de la técnica del flirteo, el
poder de seducir a los hombres con su cabello, su mirada, la sonrisa, o
inclusive, con el cuerpo.
Desde joven
aprendió a conocer las debilidades del sexo opuesto, sabía perfectamente
distinguir los galanteos y el acoso; fue
así que ella, descubrió desde muy joven el poder que tenía sobre los demás
hombres, podía convencer a sus maestros que no la reprobaran, a que sus
compañeros de clase que les pasara la tarea, inclusive, podía hacer que sus
pretendientes más listos que ella, presentarán sus tareas o exámenes parciales
como si fuera ella.
Fue por esos
atributos físicos que tenía, que logró convencer a dos de sus sinodales el día
de su examen profesional. Un profesor procesalista de fama de ser un “profesor
duro y reprobón” y el otro, de ser “demasiado técnico” en los tópicos del
derecho laboral. Ambos sinodales no tuvieron observaciones al trabajo de tesis
que presentará Dalia, más que las flores y cumplidos que a ella le hacían y que
tenía, en cierta forma, que tolerar Dalia.
Pero el
hombre más importante que había conocido Dalia, no fue en la Universidad, donde
sus pretendientes compañeros, no estaban a sus expectativas; sino que el
hombre, al que había que atrapar y dejarse llevar en este juego y oficio de la
coquetería, era el ingeniero Marco Derover.
Recién
egresada de la Escuela, uno de los puestos que ocupó Dalia, por recomendación
de su anterior jefe, el licenciado Sandoval; fue convertirse en la Jefa de
Unidad Departamental de Auditoría y Responsabilidades del Gobierno de la Ciudad
de México.
Fue ahí donde
conoció al Ingeniero Marco Dover, quien era contratista del Gobierno.
El encuentro
fue casual y trascendente en la vida de los dos. Resulta que la empresa
contratista de Marco Dover tenía cientos de observaciones a las obras que había
efectuado. La encargada de llevar a cabo la auditoría y por consiguiente el
fincamiento de responsabilidades de las obras mal ejecutadas, era la licenciada
Dalia.
Por ejemplo,
la empresa de Derover Construcciones S.A. de C.V., había construido una
alberca, en el cual, reportaba gastos en exceso por la nave que tenía; en otra
obra, no coincidían la herraduras, ni las puertas de varias escuelas
rehabilitadas; en otra obra, las luminarias se habían comprado en un
sobreprecio superior al 300%; en otra obra, no existían las estimaciones de los
trabajos supuestamente realizados; a todas esas irregularidades tipificadas en
la Ley de Obras Públicas, eran atribuidas a la empresa contratista de Marco
Derover; por lo cual, este era citado a comparecer a las audiencias de
investigación que instruía la Contraloría General. .
Así frente a
frente en una oficina gubernamental, la joven Dalia y a su lado, sentado frente
al escritorio, se encontraba el contratista acusado de recibir del gobierno,
pagos en exceso. De esa relación de
empresario responsable y servidora pública acusadora, nacería una relación dual
cuando las miradas de ambos se cruzaban por más de tres segundos.
La licenciada
Dalia, era muy atenta en sus instrucciones; de lenguaje formal, pero con frases
llenas de ironía y de humor blanco que ella le decía al ingeniero; así poco a
poco, Dalia - a través de su arma la coquetería - fue cazando poco a poco su
presa.
Y no era para
más, Marco Derover después de su divorcio, seguía siendo un empresario
próspero; pues le asignaba a este cada vez más contratos de obra, que se dio el
lujo, de subcontratar a otras empresas, para ejecutar las magnas obras que el
gobierno le solicitaba.
Ese es el
camino de los empresarios mexicans.
Jamás competir con otras empresas, sino simplemente negociar con el
gobierno en turno, respecto al “moche” que habría que dar. Por eso, para llegar
a ese nivel, no había nada mejor, que “hacer amigos” y apoyar en las campañas
electorales.
Sin embargo,
para Marco Dover, asistir a la oficina burocrática de su deseo, la joven
encantadora Dalia, era un placer. Que mejor decir deleite, pues el hecho de ser
citado por la Licenciada Dalia. Pues ello era tener certeza de que platicaría
con ella de frente y dejarse acusar o procesar por tan bella abogada, era
entrar a un juego erótico masoquista.
Dejarse amenazar por su Verdugo quien lo torturaba con cada uno de los
expedientes de obra pública que constaban el tamaño de su corrupción.
Obvio que Marco Dover tenía muy buenos
abogados y no propiamente quienes lo defendieran en cada uno de los
procedimientos administrativos; sino por la amistad que tenía con diversos
funcionarios del Gobierno de la Ciudad, inclusive, hasta con funcionarios muy
cercanos al Presidente de la República.
Fue así el
ascenso de Marco Douver como empresario. No solamente debía apostar por las
relaciones publicas con los directores de administración de cada
dependencia. Su red de influyentismo
debía abarcar a la clase política. Apoyar a futuros diputados, senadores,
gobernadores; inclusive, arriesgar su capital político para el eterno candidato
presidencial Arnolfo Pérez Labrhador.
Dalia supo
entonces, que ese funcionario gozaba de impunidad. Todos los expedientes en su
contra, debían ser resueltos por improcedencias o en su caso, debía resolver,
delegando las responsabilidades a servidores públicos de mando medio hacía
abajo. Nada que comprometiera o inhabilitara al Ingeniero Derover. Ninguna
sanción a su empresa, ninguna observación; por el contrario, mayor número de
adjudicaciones a la empresa favorita del Gobierno Central.
Al ingeniero
Derover había en todo caso, darle todas las facilidades para que este pudiera
aportar las pruebas y demostrar que cada una de las obras contratadas se habían
realizado con los dineros públicos asignados.
La empresa por lo tanto, era un ejemplo de liderazgo en la modernidad
del país; generaba empleos, construía limpiamente sin tachaduras que pudieran
en duda su reputación.
Asi pues
demostró que la alberca construida estaba completamente terminada y que no le
faltaba ningún carril; la nave del mismo era la contratada y pagada con los
recursos públicos; demostró también que los auditores habían cometido errores
de medición con las herraduras y las puertas de las escuelas recién
rehabilitadas; en otra obra, demostró que las luminarias se habían comprado a
precios cotizados en el mercado; fue así que se exhibieron también las
estimaciones de los trabajos avalados por el soporte documental y fotográfico
de las obras contratadas. En pocas palabras Marco Derover era un contratista
honesto, cuyo interés en visitar a la Contraloría, no era recibir otro oficio
citatorio, sino la grata experiencia de conversar con Dalia.
Así frente a
frente en una oficina gubernamental, la joven Dalia y a su lado, sentado frente
al escritorio, el contratista acusado de recibir del gobierno, pagos en exceso;
se fue dando detrás de esa relación de empresario responsable y servidora pública
acusadora, una relación dual con el cual ambos construirían un imperio.
Dalia supo
entonces que aceptar el cortejo del ingeniero Derover, le podía cambiar la
vida; y lo supo, porque cada vez que leía un expediente podía advertir que el
tamaño de la irregularidad detectada, era no solamente el tamaño de su ambición
y del dinero extraviado, sino que también era el tamaño de su poder; fue que
llegó a la conclusión que entre más observaciones arrojaban los expedientes de
auditoría, más era la ambición de Marco Dover por adueñarse del mundo.
El coqueteo
inició cuando Dalia le manifestaba al Ingeniero su miedo a perder el empleo; a
lo que este le respondía que con gusto la contrataría en su empresa, pues
necesitaba una licenciada conocedora de las licitaciones públicas; así como de
las demandas administrativas que constantemente tenía con el gobierno de otras
entidades federativas que no le pagaban sus trabajos.
Fue así que
de esa relación laboral nacida del flirteo, nacería una relación más seria: el
matrimonio.
De tal manera
que los dos se casaron, pero cada uno de ellos con un propósito distinto en la
vida, él quería ser el contratista número uno del gobierno; mientras que ella,
solo quería ser la Reyna.
El ingeniero
Dover, no solamente había realizado pequeñas obras de bacheo, rehabilitación de
aceras, pavimentación de calles, construcción de parques; sino también empezaba
a incursionar en la construcción de obras de remodelación, mantenimiento y de
construcción a distintas dependencias del Gobierno. Su gran acierto fue apoyar
al candidato Arnolfo Pérez Labrhador, quien una vez siendo Alcalde de la
Ciudad, le asignó millonarios contratos de obra pública, el más famoso el
distribuidor vial del segundo piso y posteriormente, salió beneficiado como subcontratista
del ejército, en dotarle a este material - varilla y cemento - para la
construcción del Aeropuerto Internacional Feliz Utopía.
Ella mientras
tanto, al haberse casado no dejó su profesión, se convirtió en Directora de
Asuntos Jurídicos del Gobierno Central, posteriormente fue Coordinadora de
Asesoras; en el año 2004 fue designada Magistrada del Tribunal Ambiental; para
el año 2009 se le nombró como Magistrada del Tribunal Administrativo. Aprovecho todo ese tiempo para cursar su
doctorado en Derecho por la Universidad Amacuac y Valle de Madrid.
El ingeniero
Douver, recibió generosamente del Gobierno Central, a título de dación de pago,
un terreno de 14 mil metros cuadrados, ubicado este en la Ciudad Nuevo
Satélite; por concepto de pago de deuda del Gobierno Central.
Esta donación
del gobierno a favor del matrimonio Douver-Espinosa fue bien aprovechada, pues
en dicho terreno se construiría una escuela particular de todos los niveles
educativos, incluido la Universidad Blue Mountains cómo oficialmente la
denominarían; donde se expedirían a sus alumnos, títulos universitarios en las
carreras de Derecho, Administración, Contaduría, entre otros más.
Así, el influyentismo
del empresario Douver fue clave en el éxito profesional de Dalia Espinosa,
gracias a las obras públicas que este realizaba desde que la Izquierda
gobernaba en la Ciudad; razón por la cual fue promovida como Magistrada del
Tribunal Administrativo, donde por su investidura resolvía asuntos relacionados
con el uso de suelo y con construcciones que habían sido clausuradas por
infringir la normatividad administrativa.
Cuando el
eterno candidato Arnolfo Pérez Labrhador ganó la presidencial, fue que la
propuso como Ministra de la Corte Constitucional.
Hasta ese
momento, nadie sabía de la tesis plagiada; ni la propia Dalia, que ya se le
había olvidado.

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