Capitulo 8
8.
El Ministro
Antonio Zaavedra de Darrea cerró la puerta del despacho presidencial. Ahí
estaban en la oficina los dos representantes de los poderes públicos de la
República reunidos de manera clandestina. El visitante era el ministro que
representaba el poder judicial; mientras que el anfitrión, quien se encontraba
en su imponente y majestuoso escritorio, era ni más ni menos, que el Presidente
de la República.
Mientras el
Ministro vestía a esas horas de la noche, de manera impecable, su cabello
envaselinado y su ropa, finalmente planchada; para el presidente era todo lo
contrario, despeinado, fodongo, la ropa arrugada y remangada.
Qué podía
decirle el Ministro al Presidente. Decirle que las cosas saldrían bien, como se
habían planeado; que la próxima presidenta de la Corte Constitucional sería
Dalia Espinosa, aun pese el clima de animadversión suscitado por el escándalo
de la tesis plagiada.
Todo está
controlado. De los cinco ministros que conformaban la Corte, se contaba con el
voto del ministro Alcancira de los Monteros, que sumado al voto de
Zaavedra y el de la ministra Dalia,
alcanzaban la mayoría.
Pero si
fallaba el ministro Alcancira de los Monteros; si este cambiara de opinión y
traicionara el movimiento. No podría permitirse de ninguna forma, que la Corte
Constitucional quedará en manos de la ministra Lucero Naranjo. Ella, en su
carácter de presidenta, ejercería el control político y administrativo del
Poder Judicial. Influenciará sobre los demás ministros para desecharles uno a
uno cada de las controversias constitucionales que conocía la Corte.
-
Además, la muy majadera no respeta mi investidura
presidencial. No se paró de su asiento el día del aniversario de la
Independencia nacional. Se quedó sentada, solo mirándome, en actitud retadora.
Se le olvida a la muy cretina que a mi eligió el pueblo. En cambio, a ella, la
eligió un grupo de conservadores reaccionarios, elitistas, de la peor
oligarquía del país.
Que acaso no
te das cuenta - repetía una y otra vez el presidente Pérez Labhrador - Estamos
viviendo una auténtica renovación en todo el país. Un momento de cambio y
transformación en todas las estructuras políticas, sociales y económicas del
país. No poder aceptar este gran movimiento, sería ir en contra de la historia,
en contra del sentido común y sobre todo, en contra del pueblo sabio. No
aceptaría bajo ningún modo, un dique que frenara los anhelos de cambio que
reclamaba el pueblo mexican. Era momento de continuar con las grandes reformas
renovadoras y por ello, era necesario contar con un poder judicial confiable,
que no diera reversa a cada una de las reformas legales hechas por la Asamblea
Nacional.
-
¿Pero cómo lo haremos?
Yo desde el
Poder Judicial me comprometo a cabildear con los demás ministros, para que
estos voten a favor de la ministra Dalia y con ello, su decisión sea unánime.
Veré qué requerimientos me piden los demás ministros, que podemos ofrecerles a
cambio; haré presidente toda mi labor de convencimiento, para demostrar que la
mejor sucesora de mi trabajo en la Corte, sea precisamente la ministra Dalia
Espinosa.
Pero también
es necesario, que la Fiscalía haga su propia chamba e invente una narrativa
totalmente diferente, a la historia del plagio que es la que domina en los
medios de comunicación. Claro que se puede
hacer. Hay que limpiar la manchada reputación de la ministra Dalia, para que no
sea motivo de vergüenza y escarnio público. Debemos convertirla en víctima y
hacer posible, que el pueblo se identifique, con todo lo que ella puede
representarles.
El presidente
pensó que ese trabajo bien podría hacerla su Fiscala Eufrosina Delgadillo. Qué
mejor que ella, también mujer, para entender la situación que vivía el poder
judicial y la preocupación que tenía este, en el ejercicio de la gobernanza.
-
Si, sola la gente que está en nuestro movimiento podrá
entender lo importante que es contar con un Poder Judicial acorde a los ideales
de la Cuarta Renovación.
Pero había
otros instrumentos de los que se podría hacer uso. Investigar a cada uno de los
ministros, intervenir sus comunicaciones privadas y encontrarles estos sus
pequeños secretos, desde alguna misteriosa transferencia bancaria, hasta una
foto de índole sexual que comprometiera su intimidad. ¡Búsquenle! Ordenó al
Presidente a la poderosa Unidad de Servicios de Inteligencia Financiera, para
que dicha área, rastreará todos los movimientos bancarios que hayan realizado
los ministros; si esto no era suficiente, habría que contactar también con el
Servicio de Administración del Contribuyente, a fin de verificar si estos
ministros habían pagado sus impuestos, si eran o no defraudadores, indagar
sobre cada una de sus declaraciones. Si esto no era suficiente, había que
practicarles auditorías. Indagar a los Registros públicos de la Propiedad, si
tenían algunas propiedades inmobiliarias a nombre suyo, el de su esposa, el de
sus hijos. ¡Son unos corruptos! De eso no me queda la menor duda.
Luego de
conversar. El ministro Zaavedra se retiró del lugar, en forma discreta, por no
decir secreta; salió por la puerta atrás. Ningún periodista, ni mucho menos
informantes infiltrados, fueron testigos de la reunión secreta.

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