Capitulo 18

 



18.

 

-       Maestra Hortensia, ¡Pase por favor! - dijo el doctor Fausto Toledo Rebollar,  Director de la Escuela Periférica de Derecho.

 

Hortensia accedió y pasó a la oficina del Director. Sabía bien ella el motivo de su presencia en aquella oficina y las razones por las cuales había sido citada.

 

-       Quiero que sepa que para mi es una situación incómoda, que no hay nada personal, qué sé de su trayectoria académica y su compromiso en la formación de los estudiantes. En verdad maestra, siento mucho su situación.

 

-       ¡Suéltelo Doctor! ¡Dígalo ya! - dijo Hortensia - Sé muy bien, porque fui citada.

 

El doctor Fausto, director de la Escuela Periférica de Derecho guardó un silencio pesado, trago saliva y continuó hablando.

 

-       Maestra, sabe bien la presión de los medios de comunicación, la cuestión política que se vive en el país, el cual no es nada ajena esta Escuela; sabe bien que hay un juicio mediático en la opinión pública.

 

-       Así es doctor, hay un juicio mediático, donde yo ya fui juzgada y condenada a la vergüenza pública. ¿Pero nada dicen de Ustedes? Hace un año, tanto a la Ministra como Su Servidora, fuimos vanagloriarse por Usted, reconocidas en ceremonias públicas y hasta nos distinguieron con reconocimientos y preseas por ser ejemplo de la Institución.

Hoy, luego del escándalo mediático que se ha hecho, se avergüenzan de nosotras y hasta nos repudian. Se burlan de nosotras y hasta con un cinismo, nos juzgan de haber incurrido en fraude académico. ¿Qué van a saber todos esos detractores de las necesidades de la Escuela, de la problemática de sus alumnos?; ¿Qué van a saber?, si muchos de los críticos que hoy nos despedazan, nunca han transitado por la experiencia de haberse titulado mediante una tesis profesional.

 

El doctor Fausto, mientras escuchaba, abrió el folder de donde sacó un oficio dirigido a la maestra Hortensia.

 

-       Maestra, le entrego este oficio; es la rescisión de su contrato de trabajo. Queda Usted a partir de este momento fuera de la Universidad.

 

-       ¿Me despide?

 

-       ¡No soy yo!... Es la Institución.

 

-       Es un despido injustificado doctor. Y aunque usted sea una persona atenta y respetuosa conmigo, no lo es con la justicia, ni con la legalidad que debe tener un acto como este.

 

La Escuela Periférica de Derecho, como entidad académica de la Universidad Nacional, en su relación con los trabajadores de la Institución, debían sujetarse a lo dispuesto por el Contrato Colectivo de Trabajo. Es decir, debía instrumentarse un procedimiento de investigación previó a la rescisión; dicho procedimiento debía otorgar garantía de audiencia al trabajador, con las debidas formalidades y llevarse ante una Comisión Mixta de Conciliación y Resolución de personal Académico.  Por ende, no podía el Director de la Escuela, de manera unilateral, saltarse todo el procedimiento legal y firmar el oficio de despido.

 

¡Pero lo hizo!

 

La profesora Hortensia recibió y firmó el documento.

 

Debía de rescindirse la relación laboral que tenía la Universidad con la profesora Hortensia. No podía permitirse por mera moralidad. Si bien, el hecho había ocurrido hace treinta y cinco años, no podía quedarse en el olvido. Una Universidad es ejemplo de honradez, integridad, decoro; no podía permitirse que una docente como la profesora siguiera en la Institución, al frente de decenas de alumnos universitarios. ¿Qué ejemplos les estaría dando a los alumnos? ¡Copien sus tareas, también sus exámenes y hasta sus tesis profesionales! ¡Copien! ¡Copien! ¡Copien! ¿Qué ejemplo podría darles una profesora con centenares de tesis profesionales de dudosa honestidad y calidad académica?. Una profesora cómplice de un acto corrupto y desleal con los valores de la Universidad.

 

Por supuesto que debía caer la profesora Hortensia; debía de ser despedida y si fuera posible, expulsarla a patadas de la Institución. Había desacreditado la escuela, a la Institución; había dañado la imagen de la Escuela Periférica de Derecho; a sus docentes y alumnos; a su imagen y reputación. Debía irse muy lejos y nunca jamás regresar.

 

-       ¡Largo de aquí! ¡Y jamás regrese!

 

Debía de irse la profesora cómplice de la ministra plagiadora. Ambas debían ser desterradas y la mejor manera de hacerlo, era expulsándolas de la vida académica a la profesora Hortensia; borrando su memoria, para limpiar la vergüenza.

 

-       Sabe qué doctor. No me arrepiento. He prestado cuarenta y siete años de servicios en la Universidad y han pasado por mis aulas, miles de estudiantes; hombres, mujeres, muchos de ellos de escasos recursos, otros hijos de familia, pero también tuve estudiantes papas, alumnas madres; los vi reír, también sufrir con los exámenes, las tareas, obviamente con la tesis. ¡No me arrepiento de haber hecho lo que hice! Los alumnos tenían miedo de escribir y más miedo, presentar examen profesional; mi papel como profesora y directora de tesis, era darles confianza, debía de orientarles y facilitarle los trabajos para darles seguridad.

 

Desmiento lo que dicen de mí.  No me hice rica vendiendo tesis profesionales como dicen los medios de comunicación. ¿Qué van a saber ellos de la vida universitaria? Del compañerismo entre nosotros los profesores y de las relaciones de fraternidad que llegamos a sostener con varios de nuestros alumnos. Soy una modesta profesora, con mucho orgullo lo digo; no tengo los títulos académicos, ni las obras académicas publicadas; pero fui orgullosamente la mejor profesora en cada una de mis clases durante estos cuarenta y siete años.

 

Quiero que sepa que renuncié a una vida de funcionaria pública, por aceptar el apostolado de la docencia y lo volvería hacer una y mil veces más. ¡No me arrepiento! ¡No hice nada indebido!

 

Saqué adelante a mis hijos, a mi familia; lo hice con decoro, con dignidad, sin haberme jamás ensuciado de algo indebido.

 

La profesora Hortensia, que para ese entonces, ya no era profesora; devolvió el acuse firmado; y el oficio original lo guardó en su bolsa.

 

-       Haber ayudado a mis alumnos, sean o no sean ministros, fue para mi, la mejor experiencia de vida; era lo que debía hacer; abrirles el camino para que ellos pudieran llegar a cumplir con su destino. Muchos fueron jueces, agentes del Ministerio Público, diputados, servidores públicos, abogados litigantes; lo hice y lo volvería hacer y jamás cambiaría una opinión o una actitud que no haya hecho antes. Si volviera a repetir mi vida por segunda vez, volvería a cometer los mismos aciertos y también los mismos errores. Sería quizás más bondadosa, mayor facilitadora, incitaría a mis alumnos no solamente acabar la escuela, sino a titularse; sacaría más alumnos de la Institución, de los que pude haber sacado en todos estos años. No me arrepiento doctor. ¡Me voy con orgullo de la Universidad! ... aunque no sé si la vida me alcance para regresar.

 

El doctor Fausto Toledo, simplemente se quedó callado.  

 

Los juicios laborales en un país como Mexican son lentísimos. Tardan no meses, sino años; lustros en el promedio de los casos. Para una profesora que superaba los 65 años de edad, no tenía la certeza de saber si regresaría algún día de la Universidad, con su juicio laboral ganado, con su reinstalación e indemnización y sobre todo, con su imagen lavada y dignificada.

 

-       No sé si regrese a mi salón de clases. A ver mis muchachos. A seguirles dejando tarea y aplicarles sus exámenes. Pueden pasar muchas cosas en el mundo o en la vida de cada uno de nosotros. Puede que esta sea la última vez que lo vea doctor. Pueda que esta sea la última vez que esté en estas instalaciones universitarias, que vi crecer.

 

La peor sentencia del tribunal de las redes sociales, no fue haber acusado a la profesora Hortensia de corrupta, de vendedora de tesis profesionales, de cómplice de fraudes académicos; el peor castigo que recibió la profesora, fue haberle privado de su salón de clases.

 

-       ¿Qué van a saber doctor? ¿Sino conocen el ambiente universitario?

 

 

 

 

 

 

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