Capitulo 13
13.
La reunión
fue en el Palacio Presidencial. Después de que terminara la conferencia
nocturna, el Presidente de la República estaba eufórico y había ordenado a su
Fiscal Eufrosina Delgadillo resolviera el problema.
-
Así será Arnolfo - con esa familiaridad había respondido la
Fiscal a la confianza que le tenía el Presidente.
Reunidos en
la Sala de Juntas, la Fiscal había ordenado que nadie entrara a la reunión, sin
teléfono celular. "Nada de orejas", "fotos", "así se
hacen los chismes y filtraciones". "Lo que voy a decirles, no puede
quedar por escrito, ni en foto, audio o video".
Eufrosina era
una militante y fiel compañera de lucha en las causas democráticas de su amigo
y jefe el Presidente Arnoldo Pérez Labhrador. Había acudido a todas sus
marchas, manifestaciones, mítines y demás protestas, en aquellos días en siendo
Alcalde de la Ciudad, el gobierno central había pretendido removerlo; después
lo acompañó en su campaña presidencial recorriendo todo el país y también en la
protesta postelectoral que significó el fraude electoral cometido en el año
2005.
Eufrosina no
sabía Derecho, no era ninguna jurista distinguida de renombre, tenía una nula
experiencia jurídica en la docencia, ni siquiera tenía alguna obra publicada;
aunque eso sí, tenía el título de
licenciada. Además lo que sí sabía y lo
hacía bien, era mandar, amenazar, persuadir, presionar, finalmente ganar. Era
Fiscal Nacional no por su erudición jurídica, no porque fuera una ilustre
doctrinaria y reconocida jurista. Era Fiscal porque sabía generar miedo, temor,
inseguridad; por ciertos momentos, transmitía temor.
Pero quizás
la principal cualidad de la Fiscal Delgadillo, era sin duda alguna, su lealtad
absoluta al Presidente Pérez Labrhador y al régimen de la “4R”, la Cuarta
Renovación.
El plan era
sencillo. Dalia y Hortensia debían negar por siempre la existencia de plagio.
Jamás lo aceptarían ni en público, ni en privado. La defensa consistiría en
recabar las opiniones y en su caso las declaraciones de aquellos profesores que
habían sido sus sinodales en su examen profesional. Por otra parte, buscarían
al verdadero autor de la tesis, el tal Eduardo Barrientos quién se había
titulado un año antes y quién a decir verdad, la Ministra le había plagiado su
tesis.
Y quienes ese
tal Eduardo. Ya lo encontraron? No costó trabajo hallarlo. Había sido un
abogado de oficio cuya adscripción era la Defensoría laboral; el historial negro que tenía el verdadero
autor de la tesis profesional, no lo hacía ver cómo una persona respetable.
Además de ser diabético y alcoholico, tenía una denuncia por abuso sexual y dos
más de acoso; era el candidato ideal para que en él, recayeran todas las
críticas que había recibido la Ministra. Solo tenía un pequeño defecto. Algo
por lo cual, no podían exhibir a esta persona en ningún medio. Y es que, en
honor a la verdad y para la mala suerte de la Ministra, él si había escrito su tesis sin copiarla a
nadie.
-
¡Así es! - tuvo que reconocerlo la maestra Hortensia. Él
había escrito primero la tesis y después, fue Dalia.
-
Pues diremos lo contrario profesora. Diremos que fue este
señor el que le copio primero a la Ministra.
-
Pero eso es ilógico.
¡Es falso!
-
Pues lo repetiremos mil veces hasta hacerlo verdad.
Por ello,
había que armar toda una estrategia jurídica que dijera lo contrario. Una
estrategia que permitiera a la Ministra mostrar su inocencia y desmontar esa
mala imagen que se había ganado ante la opinión pública de Juez “pirata”.
Para iniciar
la estrategia que limpiará el nombre y prestigio de la Ministra, la poderosa
Policía Secreta, subordinada a la Fiscal Eufrosina, había logrado localizar y
persuadir al verdadero autor de la tesis, para que esté acudiera a una Notaría
y aceptará que el verdadero plagio, lo había cometido él y no la Señora
Ministra.
-
¿Cómo lo hicieron?.
Era fácil
“persuadirlo”. Nada que no pueda hacer
el poder del dinero y los poderosos recursos coactivos de la Fiscalía Nacional
de Justicia. Era como si se hubiera sacado la lotería el tal Eduardo, solo
debía reconocer una mentira. Reiterar una y otra vez que la Ministra había
escrito su tesis primero pero que no la había registrado y que él, aprovechando
y abusando la confianza de su asesora, la profesora Hortensia, le había copiado la totalidad de la tesis a
su excompañera Dalia..
-
Mea la culpa. - así lo reconoció el muy infeliz ante el
Notario. Cómo no lo iba hacer, estaba prácticamente amenazado.
Cómo el tal
Eduardo se ponía nervioso a sostener esa “verdad”, por recomendación de la
Oficina de Comunicación Social, se acordó que no debía conceder ninguna
entrevista para la prensa, radio o televisión; es más la orden de la Fiscal era
prácticamente “desaparecerlo”, no tanto eliminarlo al grado de enterrarlo o
cremarlo; el gobierno de la Cuarta
Renovación podía ser demasiado inepto en el arte de gobernar, pero no era de
ninguna forma asesino; para eso tenía todo la legitimidad y hasta apoyo popular
del Cartel del Centro que podía hacerle al gobierno el trabajo sucio.
Deberá
cambiar de domicilio, de preferencia mudarse a otra provincia del país. La
Fiscalía además se comprometía a no “revivir” ninguna indagatoria contra el
infeliz afortunado. Ninguna de sus acusaciones procedería. Si por si fuera poca
la generosidad del gobierno, se le daría un dinero que recibiría por su
silencio y aceptación de la culpabilidad. Una generosa cantidad de dinero con
el cual podría iniciar una vida nueva y lo mejor de todo, garantizar la
subsistencia de su descendencia, hasta los nietos.
Solo había un
obstáculo que brincar y eso era la cantidad de dinero que se le tenía que dar
para guardar “su silencio”.
-
¿Cuánto dinero había que darle?
Sobornar a un pobre es más barato que
sobornar a un rico. No había que darle
mucho, solo lo suficiente que pareciera haber recibido bastante.
-
Que más Fiscal. - preguntaron todos en la Sala de Juntas.
La Fiscal
Eufrosina se quedó sonriendo, mirando enérgicamente a toda la plantilla de sus
colaboradores de confianza que operarían el plan. Entre ellos el más destacado de todos, el más
eficiente, pero también el más servicial e indigno de todos: Godofredo Godínez.
Ni siquiera era abogado, era sociólogo.
Habría que
promover también una denuncia penal y un juicio civil. Por recomendación de la
Fiscal, en razón a ello ordenó a uno de sus Agentes del Ministerio Público a
qué levantará denuncia por delitos de derechos de autor; paralelamente debía
promoverse también el juicio civil promovido por la Ministra Dalia en contra
del desdichado Eduardo, demandando de este, el daño moral, por la afectación que
le había provocado a ella, por haberle “robado” la tesis; y que se reconociera,
que Dalia Espinosa Morca, era la única autora de la tesis profesional “El
derecho a huelga de los trabajadores al servicio del Estado”.
Para ello, le
pediría el favor al presidente
Magistrado de la Corte de Justicia Antonio Saavedra. Quien a su vez a había
sostenido “pláticas secretas” con el presidente Pérez Labrhador de cómo se
resolvería la elección de quien
presidiría la Corte Constitucional.
¿Qué otra
acción legal había que hacer?
Godínez le
hizo notar a la Fiscal, que la Universidad Nacional había promovido su propia
investigación respecto a los hechos y que para ello, había decidido instalar su
propio Comité de Ética, para conocer y juzgar los hechos.
La Fiscal Eufrosina
Delgadillo se quedó por un momento pensando en lo que eso significaba. Se
corría el riesgo de que el mentado Comité de Ética resolviera que la tesis de
la Ministro había sido un plagio y con ello, revocarle el título profesional;
lo que traería como consecuencia que la doctora Dalia Espinosa no cumpliera con
uno de los requisitos de permanencia en el cargo de Ministra.
Habría que
llamarle al Rector de la Universidad y “convencerlo” de que no se pronunciará
al respecto. Lamentablemente la situación con el máximo representante de la
Universidad del país no era de lo más cordial con el gobierno de la Cuarta
Renovación. Meses antes el Rector había rechazado incrementar la matrícula de
estudiantes de la Universidad y por otra parte, el Presidente de la República
en su conferencia nocturna, había acusado a la principal Universidad Pública
del país de haberse acercado a los fines de la política ultraliberal y alejado
de sus principios sociales de ayudar al pueblo.
El asunto
escapaba de las manos de la Fiscal, pero contaba con el apoyo de Martín
Barrios, el Subsecretario de Gobierno quien fuera exlíder estudiantil y quien tenía el control de los grupos
juveniles más radicales de todas las
instituciones educativas del país, hombre poderoso y “operador” de conflictos
estudiantiles, manifestaciones, bloqueos, mítines, “paros”, “huelgas”, que ante
una orden suya, podían hacer desmanes y destrozos en la Aldea
Universitaria. Podía inclusive, poner a
la Universidad en crisis al grado de que
el Rector pudiera renunciar al cargo.
La estrategia
la tenemos de gane - dijo la Fiscal con mucha seguridad - la conjura organizada
por la coalición opositora no lograría su cometido de derrocar a nuestra
Ministra Dalia Espinosa. Defenderemos su cargo ante cualquier conjura, aún
cuando tengamos que defender el absurdo de defender una tesis profesional que
se copió un año después, de la que supuestamente es la plagiada.
Godínez,
ordene al Ministerio Público que aperture la indagatoria y busque más pruebas
periciales que se tengan que desahogar, con la única finalidad de demostrar la
inocencia de nuestra Ministra.
Usted no
renuncie. Solo calle y aguante doctora. La instrucción de nuestro señor
Presidente es defenderla de cualquier ataque. !Usted confíe!
-
Gracias Fiscal.
-
¿Y yo?. - preguntó la profesora Hortensia.
-
Usted posiblemente la Universidad la despida por falta de
probidad, pero si eso sucede, no se preocupe, demande judicialmente y la
reinstalaremos.
Literalmente Dalia tragó saliva.
-
¿Algo más? - preguntó la Fiscal
-
Si ...- respondió la Ministra Delia - debo confesar, que
también copié la tesis de doctorado.

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