Capitulo 3

 



3.

 

Seguía durmiendo al mismo tiempo que soñaba como conducía su automóvil nuevo que aún no terminaba de pagar. Eran las diez de la mañana y Eduardo Barrientos permanecía acostado, olvidándose lo que ocurría en el mundo.

 

¡Así son las cosas! No hay nada peor que vivir la mediocridad y sobre todo, sentirse mediocre, llevar una vida sin ambiciones personales para el futuro  y más aún cuando se tiene nula espiritualidad a la creencia de que la situación pueden mejorar a través del trabajo y la disciplina, inclusive en la Fe; una vida de constante fracaso, enfermedad y aburrimiento; donde la falta de talento y riqueza se puede atribuir a la suerte o bien, a un sistema político y económico, que no ayuda en algo a las personas a superarse, sino simplemente a sobrevivir. 

 

Todo era culpa del sistema económico ultraliberal en el que se vivía. Por eso no había progresado y esa había sido la razón por la cual Eduardo Barrientos había decidido votar por el eterno candidato presidencial Arnolfo Pérez Labrhador.

 

Él se encargaría de acabar con la corrupción y depurar la vida pública del país. Si no era eso, acabaría con la clase dominante que no podía tolerar su vida de privilegios.

 

Ahora, sobre esa casa del barrio de Xochicalco, herencia de sus padres, se encontraba durmiendo en una pieza que bien podía parecer una recámara; desde ahí reposaba el más viejo de su casa, “recuperando horas sueño”, luego de haber conducido durante toda la noche, el vehículo que trabajaba como Uber.

 

No solamente Eduardo Barrientos trabajaba de conductor de aplicaciones móviles en las noches, también tenía el hábito de ingerir alcohol cada madrugada antes de irse a dormir, según él, para no tener insomnio. Lo cierto es, que era sin darse cuenta, sin habérselo propuesto, en un alcohólico de clóset. 

 

Pero aquella vez su vida cambió para siempre, nunca se imaginó el futuro tan prometedor que se le avecinaba y que lograría transformar su suerte, para sacarlo de la mediocridad y anonimato en el que vivía.

 

-       ¡Abuelito, abuelito!  - despiértate. - gritó su nieta.

 

 Don Eduardo se despertaba de su siesta, interrumpiendo el profundo sueño en el que se encontraba, luego de escuchar el grito de su nieta.

 

-       ¿Qué pasa? ¿Está temblando? ¿Qué carajos ocurre?

-       No abuelito... Mi mamá dice que están hablando de ti en la televisión.

-       ¡¿De mi?!

 

 Don Eduardo se paró inmediatamente de la cama y se trasladó a la otra pieza, donde se encontraba su hija.

 

-       ¿Qué pasa Licha? ¿Qué sucede?

-       No lo vas a creer Papá. Pero en el noticiero hablaban de ti. Dijeron tu nombre y la tesis profesional que escribiste para recibirte de abogado.

-       ¿La tesis? No te entiendo. ¿Cuál tesis?

-       Si la tesis papá… Escucha, ve las noticias. Están hablando de ti o de una persona que tiene tu mismo nombre y apellido.

-       ¿Un homónimo? ¿Hablan de mi tesis?  ¿De qué carajo hablas? No te entiendo Licha.

 

Licha salió de los canales de televisión que tenía su pantalla plana para conectarse a la red social YouTube y meterse al canal de Grecos, concretamente, ir al noticiero matutino de mayor número de vistas en las redes sociales.

 

Fue así que se sentó en el sofá de su sala para escuchar las noticias del periodista Marcos Loreto quien en su programa “Matutino Grecos”, daba cuenta sobre el plagio de la tesis profesional de licenciatura, con el cual la Ministra de la Corte Constitucional la doctora Dalia Espinosa Orca, se había titulado para obtener la patente de Licenciada en Derecho.

 

Eduardo Barrientos seguía sin comprender.  Quizás eran los efectos del alcohol o del insomnio.  Seguía sin entender cuando escucho su nombre y en pantalla aparecía la portada de la tesis profesional con la cual se había titulado treinta y seis años atrás. 

 

-       Explícame hija. ¡No entiendo!

-       Papa, dice que tú escribiste primero tu tesis y después, pasando el año, una alumna copio toda tu tesis.

-       Ahhhh... Ya entiendo…  Pero…  ¿Qué tiene que ver esa alumna?  Yo que carajos tengo que ver. Eso ya pasó hace muchos años.

-       Lo que pasa es que esa alumna es la actual Ministra de la Corte Constitucional y ahora quiere ser Presidenta Ministra de ese Tribunal; eso es lo que dice Marcos Loreto.

 

Eduardo Barrientos se quedó pasmado con la noticia.  Era una verdad que se había tardado treinta y seis años en revelarse.  De la pura noticia, se dejó caer en el sofá.

 

¿Qué carajos haría? Había trabajado treinta años en la Defensoría de Oficio del Gobierno Central. Su vida había sido la de cualquier burócrata del gobierno; recordó que todos los días se sentaba en un escritorio, contestando demandas laborales o rindiendo informes justificados en juicios de amparo o también, elaborando oficios al área de recursos humanos del gobierno requiriendo información documental. Así se le había pasado la vida, en un trabajo sin sentido, lleno de papeles y expedientes; algo tan práctico y rutinario que no exigía mayor esfuerzo para aquel que haya estudiado Derecho; una chamba fácil para cualquier recién egresado de la carrera; un trabajo en el que entraba a laborar a las ocho de la mañana y salía a las seis de la tarde de lunes a viernes, con dos horas de comida, durante treinta años.

 

Así había permanecido como empleado público en el puesto de abogado del gobierno,  hasta que cumplió los sesenta años para jubilarse. Cinco años después, el Gobierno Central le había concedido la “Pensión para Adultos Mayores”. Sus ingresos apenas eran suficientes para sobrevivir diariamente.

 

Ahora permanecía callado, volviendo a escuchar la noticia que lo estaba haciendo famoso.  ¡No era justo la vida! Mientras él había tenido un trabajo de sobrevivencia y logrado titularse con esfuerzos; ella, Dalia Espinosa Orca le había copiado su tesis, para convertirse años después en la Ministra de la Corte Constitucional, el tribunal más importante del país. Él con un ingreso mensual que oscilaba en casi los 15 mil pesos; ella mientras tanto, con percepciones de más de 350 mil pesos mensuales durante los próximos doce años en que dejaría el cargo.

 

Entonces se le vino un recuerdo a la memoria.  Era joven, tenía tres años de haber egresado de la escuela y la Defensoría de Oficio del Gobierno Central, donde prestaba su servicio social, le habían ofrecido una plaza para trabajar.

 

La única condición que le pedían, era titularse. Fue por eso que decidió desarrollar como tesis profesional, un tema relacionado con lo que hacía en el trabajo.  “El derecho a huelga de los trabajadores al Servicio del Estado”. Un tópico que tenía estudiado y que lo llevaría a titularse bajo la asesoría de la profesora Hortensia Ramírez, quien era la Responsable del Seminario de Tesis en la Facultad Central y que también era profesora de la Escuela Periférica de Derecho. 

 

No le objetaron su tesis tanto su asesora como los cuatro sinodales.  Cumplia con los requisitos básicos que debía tener una tesis de licenciatura para alcanzar el grado de Licenciado en Derecho.  El trabajo contaba con un marco histórico, otro conceptual, el jurídico y el crítico o propositivo. Una tesis de apenas 150 páginas escrita con máquina Olivetti entre los años 1985 y 1986.

 

Recordó entonces aquellos días que escribía su tesis y la profesora Hortensia le hacía correcciones, con la aclaración de que lo hacía, para que los demás sinodales no le hicieran observaciones. Tardó aproximadamente seis meses en terminar el trabajo y otros seis meses en corregirlo. Más aparte unos cuatro meses en llevar a cabo toda la tramitología para su ceremonia de titulación.

 

Era engorroso ... Debía presentar una exposición de motivos, recabar el Visto Bueno de la Jefa de Seminario, después debía avisar al Director del Facultad para registrar el título de la tesis y esperar la respuesta de este, en unos quince días. Debía después escribir su tesis y terminado éste, volver iniciar el trámite con la Jefa de Seminario para que le extendiera la “carta de terminación” y pudiera presentar dicho oficio al Director de la Facultad, quien le asignaría el Sínodo Profesional. Tres propietarios y dos suplentes. Para ello, debía presentar cinco juegos de fotocopias para entregárselo a cada sinodal, quien, a su vez, tenían todas las facultades para hacerle las modificaciones necesarias al trabajo profesional.  Revisado el trabajo por todos los sinodales, los mismos le extenderían su Voto Aprobatorio y con ello, debía tramitar la constancia de no adeudo tanto de la Biblioteca como del área de actividades deportivas. Si por si fuera poco, debía tramitar el oficio de donación de dos libros para la biblioteca... ya con todos los oficios listos, podía acudir a la ventanilla de Servicios Escolares, para tramitar su “Revisión de Estudios”, a efecto de constatar que no debía ninguna materia. Hecho lo anterior, entonces podía solicitar al Departamento de Titulaciones, le agendará la fecha de su examen profesional.

 

Toda esa tramitología que exigía tiempo, paciencia, constancia; seguramente el mismo trámite hizo su entonces compañera Dalia, solo con la diferencia, que ella se “ahorró” tiempo, por haberle copiado la tesis.

 

No se permitiría quedarse callado. Daría a conocer su verdad, toda la verdad; denunciará a la Ministra Dalia Espinosa por haberle copiado su tesis profesional y por consiguiente, por haberse enriquecido de manera inmoral, por haber escalado a diversos puestos públicos a causa de su conducta fraudulenta y poco honesta; por haber obtenido un título profesional que a todas luces, la universidad debería anular.

 

De esta manera, Eduardo Barrientos se volvió famoso.  Pero algo sintió que no debería hacer. Si salía a la vida pública, sería entrevistado por todos los medios de comunicación. Era preferible seguir en el anonimato. No sabía qué tan conveniente era dar la cara; que tal si indagaban sobre su pasado o mejor dicho, lo metieran en problemas. Que tal si el gobierno de la 4R lo desaparecía o por cualquier excusa simplona, lo refundieron en la cárcel. No era con Dalia Espinosa la mujer con la que se enfrentaba, era contra todo un sistema, que si quisiera, lo podía aplastar.

 

Eduardo Barrientos se quedó pensando y entonces ...tuvo miedo. No podía esperarse algo diferente.  Era un tipo mediocre.

 

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