Capitulo 1
1.
La profesora
Hortensia Ramírez saco de su bolsa varios ejemplares, eran libros empastados de
diversos colores, unos eran de color negro, otros; azul, vino, verde. Su
exalumna Dalia Espinosa se le quedó mirando y se quedó callada. No había nadie
en el salón de clases.
- ¡Toma esta!
Yo misma la revise. No le modifiques nada. ¡Así como está!
- Si maestra.
El libro
empastado color verde, era una tesis profesional de la Facultad Central de
Derecho intitulada: “El derecho a huelga de los trabajadores al servicio del
Estado”. Dalía comenzó a hojear el
libro, era de 150 páginas.
Dalia era una
mujer hermosa, joven de apenas veintitrés años de edad, tez blanca y unos ojos
verdes encantadores, nada que ver con el promedio de mujeres de la Escuela
Periférica de Derecho. Había ingresado a laborar en la Alcaldía Kukulcán en un
puesto de Recursos Humanos; por su juventud y nula experiencia había alcanzado
ya un puesto relevante que requería desde luego, la patente de Abogada para
poder ejercer.
- No tendré
problemas maestra? - pregunto Dalia algo preocupada mientras hojeaba el libro.
Nada ni nadie escuchaba la conversación, los alumnos acababan de retirarse del
salón de clases y frente a ese escritorio, se encontraban a solas la Profesora
y su hermosa Alumna.
- Los
problemas los vas a tener si no te titulas. ¡Toma hija! ¡Nadie se va dar
cuenta!. Será como encontrar una aguja en un pajar. Además, ya no te quiero ver
aquí. Debes volar, irte de la escuela y emprender tu camino.
Hortensia
recogió los demás ejemplares y los volvió a meter en su bolsa.
- ¡Gracias
maestra!
Dalia tomó
aquel ejemplar de tesis profesional y lo abrazó como si fuera un hijo. Aunque
por momentos pensó que eso que estaba haciendo no estaba bien. Por momentos
sintió miedo. Así lo alcanzó percibir su amiga la Profesora Hortensia.
- ¡No pasará
nada!. Nadie tiene el tiempo de estar revisando trabajos. No es la primera vez que lo hago, ni soy la
única que también lo hace en la Universidad. Así que vete a tu casa o al
trabajo con calma. No serás ni la primera, ni la única, ni la última.
- ¡Si maestra!
¡Muchas gracias! No sé cómo pagarle
- ¡Lo que
tengas que hacer hazlo! ¡Ve, corre, vuela, comete el mundo entero! Haz lo que quieras hacer, alcanza tus sueños,
tus metas ... No te quedes en ese puestecito que tienes, ve por más. Tú puedes
eso y más ... ¡Quiero verte triunfar!
- ¡Si
maestra! ¡Así lo haré!
Dalia tomó
aquel ejemplar. Le dió poca importancia al nombre de su autor, un tal Eduardo
Barrientos González. A ella solo le importaba buscar un escritorio público para
que transcribieran letra a letra su contenido. En meses - quizás cuestión de
semanas - tendría ya su examen profesional con el que lograría titularse.
La profesora
Hortensia mientras tanto, se quedó sola en el salón de clases. Vio los pupitres
vacíos y observó aquel pizarrón verde con sus garabatos. ¿Cuántos más? - se preguntó con serenidad -
sacar uno a uno sus alumnos para que emprendieran el viaje a la vida
profesional de futuros licenciados en Derecho. Para que ellos y no ella,
pudieran "comerse el mundo".
Corría el año
de 1987. Dalia tenía miedo, pero estaba dispuesta a hacer lo que tenía que
hacer. Hortensia mientras tanto, desde
la soledad del aula de clase, aceptó su destino.
Tuvieron que
pasar treinta y cinco años después ...

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